
"Es curioso constatar que el pintor no comprende a menudo sus obras, lo mismo que ciertos padres no conocen a sus hijos. Es la crítica, la perspicacia ajena, la que descubre valores ínsitos más que insertos, formas inmanentes más que transcriptas, matices casuales más que queridos. De ahí emana un extraño fenómeno frecuente: el de que el propio autor no atribuya a la obra el mérito que otros le acreditan, y sea el primer sorprendido de la irradiación que tiene y difunde. En realidad, pasado el tiempo, convertido a la vez en espectador, el autor reconoce que dicha obra adosa, además de su genio, el genio potencial que le incorpora la visión foránea. Con lo cual se torna evidente que, en la búsqueda del estilo, son los ojos ajenos los que encuentran el tesoro."
( Juan Filloy )